Durante las charlas de grupo, es común que se toque el tema de los “robos”, “atracos”, “asaltos”, o como lo quieran llamar; algunos cuentan cómo la adrenalina se apoderó de sus cuerpos y los hizo huír poniendo en peligro su vida, pero salvando sus pertenencias, y otros, de cómo se murieron de miedo y entregaron hasta la dignidad. Yo solía callar en cada reunión, nunca me habían atracado.
El lunes me pasó algo curioso, llegué un poco antes de las 8:30 de la mañana a mi clase de inglés y encontré a mis compañeros narrando este tipo de experiencias, una de ellas, Andrea, contó cómo mientras iba hablando por teléfono en una calle sola sintió la presencia de un par de personas en moto, un hombre y una mujer, que le pidieron sus objetos de valor mientras la amenazaban con un arma. Andrea es una chica bastante delgada, muy simpática y siempre elegante, de quien resulta casi imposible imaginar Continuar leyendo »
